Madres de desaparecidos ganan premio en Suecia… No acuden por falta de recursos

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Bruselas (apro).- El taller de retratos que imparte en Monterrey el artista plástico Damián Ontiveros a familiares de desaparecidos fue seleccionado para participar en el Stockholm Fringe Festival (Stoff), que tendrá lugar del 21 al 25 de octubre próximo en la capital sueca.

Sin embargo, Ontiveros informó a Apro que se vio obligado a declinar la invitación sueca por falta de recursos económicos para poder solventar el viaje a Europa. Así lo comunicó al festival el pasado lunes 21.

El Stoff no asume los gastos de transportación y hospedaje. Su apoyo se limita a difundir el trabajo de los artistas y a pagar la renta de los seis diferentes lugares en los que se presentarán los proyectos invitados (cuyo costo oscila entre 2 mil y 4 mil euros por noche cada sitio).

La invitación a los mexicanos consistía en que un grupo de tres mujeres que participó en el taller de retratos dibujara durante tres horas diarias –los cinco días que dura el festival– los rostros de algunos asistentes, tal como lo ha hecho con los de sus hijos y familiares desaparecidos. Ese ejercicio suele provocar fuertes emociones.

Ontiveros comentó a esta agencia que solicitó el apoyo financiero de la Secretaría de Relaciones Exteriores y del Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León. Pero la primera institución le contestó que no disponía de fondos y la segunda consideró que su proyecto no tenía impacto social y sólo lo beneficiaba a él, por lo que también le negó ayuda económica.

La embajada de México en Suecia se comprometió a apoyar al artista con 600 euros, pero eso corresponde apenas a 7.5% del presupuesto que él estima necesario para cubrir la totalidad de los gastos (150 mil pesos o casi 8 mil euros), que incluyen la compra de cuatro boletos de avión, el alojamiento y la alimentación durante siete días en Estocolmo, una ciudad cara en Europa.

“Sería terrible que las autoridades mexicanas no vieran el valor del proyecto y no lo apoyaran; sería muy triste”, dijo a Apro el fundador y codirector del Stoff, Adam Potrykus, cuando hace dos semanas se enteró de la posibilidad de que el proyecto mexicano no pudiera acudir a Estocolmo.

Ontiveros intentó en vano vender obra suya para recolectar fondos suficientes y poder realizar el viaje a Suecia. Para el gobierno –explica– es un tema “inconveniente” y para la iniciativa privada es uno “sensible”.

Ahora que declinó la invitación, el artista sólo enviará un video que muestra el trabajo del taller para que sea proyectado durante el festival. “Pero –lamenta– la fuerza del proyecto, el cara a cara con el público, se perderá”.

Visibilizar el problema

Potrykus explicó que “los proyectos artísticos que se presentan en el Stoff reflejan los temas que importan en el mundo. El proyecto de Ontiveros refleja, desde nuestro punto de vista, un asunto importante, interesante y, por supuesto, muy trágico de la realidad de México”.

Continúa: “Es maravillosa la forma en que el proyecto mexicano nos cuenta historias conmovedoras, capaces de transportar a la audiencia muy lejos. La manera de trabajar del taller es fabulosa”. Potrykus consideraba “una fortuna” contar con la presencia de madres mexicanas de desaparecidos en su festival.

El taller de retratos fue creado por Ontiveros con el apoyo de Jesús González, integrante de la organización civil Fuerzas unidas por nuestros desaparecidos en Nuevo León (Fundenl).

En 2012, Ontiveros ya había realizado un taller con esposas e hijos de soldados, a quienes considera una nueva clase vulnerable a la violencia a la que se debe ofrecer apoyo.

Inspirado en el proyecto de Fundenl, Bordando por la Paz (pañuelos bordados con textos y dibujos dedicados a desaparecidos y otras víctimas de la violencia en México), el taller comenzó con 12 participantes poco antes de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa la noche del 26 al 27 de septiembre de 2014.

“Fue una desafortunada coincidencia”, señala el artista.

El objetivo del taller, narra, fue desde el principio crear una plataforma para visibilizar el problema de los desaparecidos y, en paralelo, mostrar el trabajo resultante en festivales internacionales de video experimental para “tratar de avergonzar a los políticos mexicanos de la tragedia que está ocurriendo en México y que es su culpa”.

Pero también Ontiveros se planteó el taller como un espacio para generar, a través de las artes plásticas, un momento de “catarsis y depuración” que ayudara emocionalmente a los familiares de los desaparecidos. En el fondo, la idea, explica Ontiveros, es conformar “pequeñas comunidades” que “fracturen los elementos naturales de dominación del poder: la violencia, la pobreza, la educación”.

“No soy activista, pero me parece muy doloroso e injusto permitir que estas cosas (las desapariciones) sigan sucediendo. No he tenido la desgracia de tener un desaparecido en mi familia, pero como ciudadano me siento en el deber de visibilizar el problema: veo que hay una gran separación entre aquellos que ya les pasó algo y a quienes todavía no”, declara el artista plástico.

Catarsis

En el taller las mujeres recibieron un curso básico de dibujo, en donde aprendieron a identificar los elementos del retrato. Dibujaron los rostros de sus hijos “cientos de veces” con papel calca, refiere Ontiveros, y luego tomaron un curso de creación literaria con el escritor regiomontano Paulino Ordoñez, tras lo cual pudieron añadir texto a sus obras.

Ontiveros creó una animación, en el que encimó a las bocas de los desaparecidos retratados las de sus familiares, que narran los recuerdos que tienen de ellos pero en tiempo presente, como si nunca hubieran partido.

El taller –que duró en total dos meses con sesiones semanales de dos horas– finalizó en un acto artístico titulado Son: microespacios de estética comunitaria, que se celebró el 11 de diciembre en la Galería Alternativa Once de Monterrey.

Durante ese evento se expuso el trabajo del taller y las cinco participantes que quedaron del grupo inicial de 12 dibujaron ahí mismo, cara a cara, los rostros del público, a quienes después regalaban sus retratos.

El evento causó gran emoción. “Fue tremendo, muy energético. Hubo mucha empatía con el público. Acabamos abrazados y llorando”, recuerda Ontiveros.

Las imágenes de esa presentación fueron las que impactaron a Potrykus, quien enfatiza que el tema de los derechos humanos ha sido siempre una preocupación de su festival.

El Stoff –cuya primera edición se celebró en 2010 y que recibe subvenciones de la ciudad y del gobierno federal—es un festival que estimula los trabajos innovadores y experimentales, especialmente en teatro, performance e instalación.

Potrykus expone que el festival suele jugar un papel político por el simple hecho de que muchas de las obras que se presentan son de ese corte. “Creo que es importante llevar esas problemáticas a la luz pública”, dice.

–¿En Suecia están al tanto de la crisis de derechos humanos que vive México?

–No somos expertos de los que pasa en su país. Sabemos lo que sucede a través de los medios de comunicación. Pero consideramos que las historias que narra Ontiveros en su proyecto son muy conmovedoras y emotivas. El proyecto es lo suficientemente bueno para haber sido seleccionado entre los cientos que nos llegaron provenientes de 53 países”.

 

FUENTE: Revista Proceso

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